EL TALISMÁN DE SÈRUSIER
-Un ejemplo de mini totalidad inmediata-

Héctor Alarcón Correa
(Actualizado septiembre 2004)



En una pequeña pared, en la entrada a la cocina de mi casa, está colgada una tela aparentemente abstracta. Al observarla comienza a distinguirse un Paisaje de árboles reflejados en un lago. Como el sitio es el más transitado en busca de tazas de café, ese cuadrito tiene un efecto especial, pues me recuerda una lección histórica. Es mi versión del famoso cuadro de Sèrusier, conocido como el talismán.

Andaba el año de 1888. Gauguin se encontraba en Pont Aven, su refugio campestre, alistando viaje para visitar a Van Gogh.
Como los Nabis se habían enfrascado en complicadas discusiones sobre las teorías del arte, decidieron enviar a Sèrusier a visitarlo, para que los iluminara con sus conceptos y les dejara unos principios básicos sobre los cuales comenzaran a pintar, pero desde luego cada uno con su propio estilo.
Encontrar a Gauguin en el hotelucho de los artistas no fue difícil. Ante la demanda de Sèrusier, le propuso que la mejor forma de atenderlo, en lugar de teorías, era salir al campo y recibir una clase práctica, es decir, salir a pintar un cuadro con sus instrucciones.
Sèrusier a duras penas llevaba algunos colores básicos, un pincel, un trapo y una pequeña tablita. Gauguin no llevaba sino un poco de afán.

Llegados al sitio, un parque conocido como el bosque del amor, no hubo preámbulos.

el talismán de Serusier
-que ve ahí.
-unos árboles, una casita, un camino y un lago.
-de qué color ve los árboles
-verdes y amarillos
-de qué color quiere pintarlos
-verdes amarillos y naranjas con algunos puntos rojos y negros
-entonces ponga color verde donde quiera que quede follaje verde
……
-de que color ve los troncos

-violetas y lilas
-y el cielo de qué color?
…….

Y así en un dos por tres, con los colores casi puros y algunos toques, quedó eternizada la obra. Sin más palabras, Gauguin dio por terminada la clase y Sèrusier regresó a París.
Ante la curiosa expectativa de sus compañeros, y aprendida la lección, Sèrusier se limitó a exhibir con solemnidad la tablita: "aquí está todo". La pequeña pintura adquirió un carácter de reliquia, y un efecto mágico para los inquietos Nabis que desde entonces la conocerían como "el talismán".

Como decía Cèzzane, en un paisaje, más que un árbol, un cerro, una casa, el pintor debe ver signos que representa con manchas de colores.
Así lo entendió Gauguin, tomándose la libertad de elegir los colores más allá de la realidad. Por eso, la lección del talismán, aparentemente simple, tiene tanta profundidad.
Recordemos que Gauguin omitió preámbulos sobre composición, perspectiva, trazo, equilibrio, sombras, estructura, dibujo, etc., y fue directamente a la visión y al sentimiento del pintor, en ese momento, en ese sitio y en esas circunstancias. Y con los elementos disponibles, se concretó una mini totalidad.
Otro aspecto digno de resaltar, es que en esta ocasión los alumnos buscaron al maestro, tenían el deseo de aprender y por tanto le dieron tanto valor y significado a la anécdota. Se cuenta que cuando los nabis se confundían en tareas plásticas o teóricas, recurrían a la visita del talismán para refrescar la simplicidad, facilidad e inmediatez que debe tener el arte. Por eso mi versión del talismán, no solo tiene un efecto sobre mi pintura, sino que me permite, a quien pregunta, contarle esta historia y dilucidar sobre el método pedagógico de las mini totalidades inmediatas. Al fin y al cabo la pintura, y el arte en general, son una expresión estética e individual, hecha con libertad.

Si me pidieran resumir la clase de Gauguin a Sérusier, diría que fue así:
PINTE COMO QUIERA, PERO PÍNTELO YA.


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